Ante el abismo En una sociedad donde prevalece la aparente “libertad” que promueve Javier Milei, sólo se beneficiarán, como siempre, los intereses económicos de unos pocos.

El candidato presidencial Javier Milei, de la coalición La Libertad Avanza (Foto AP/Natacha Pisarenko)El candidato presidencial Javier Milei, de la coalición La Libertad Avanza (Foto AP/Natacha Pisarenko)

el sentimiento de Vértigo Se siente principalmente cuando se llega al borde del abismo. Experimentar el miedo a una caída sin fin y la falta de contención paraliza los sentidos. Desde el pasado 13 de agosto, ese ha sido el sentimiento que ha prevalecido entre quienes vemos con preocupación el precipicio al que se encuentra un sistema político que ha demostrado su limitaciones para contener las demandas de una sociedad compleja inserta en un sistema económico profundamente desigual.

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Podemos abordar el problema desde una perspectiva sociológica, política o económica. Podemos analizar décadas de constante imposibilidad de instalar un modelo de desarrollo local que se ajuste a los desafíos que nos impone el capitalismo globalizado y salvaje predominante en este siglo. Incluso podemos vincular esta tarea inconclusa con las preocupantes falencias que hemos tenido como sociedad y como liderazgo para diseñar y acordar un proyecto de nación inclusivo y perdurable en el tiempo. Pero las incansables horas de discusión desembocarían en un conflicto difícil de resolver marcado por la aparición de un creciente fenómeno de descontento, apatía o tensión con el sistema de partidos tradicional y la política en general, aunque -curiosamente- el marco del capitalismo financiero queda en gran medida fuera del análisis.

En este sentido, el surgimiento del ausentismo electoral, los votos en blanco o el giro de una parte del electorado hacia alternativas de derecha libertaria, como el caso de Javier Milei, son alarmas que se han encendido durante las PASO para dar cuenta de este fenómeno. creciente descontento. Una parte de la sociedad entiende que hay que barajar y volver a dar. Negarlo sería simplemente querer tapar el sol con la mano.

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Sin embargo, apretar el “botón rojo” o “explotar todo por los aires”, por muy atractivo que resulte como mecanismo de resolución de problemas para quienes no ven una solución inmediata o se sienten decepcionados por fracasos anteriores, suele venir de la mano. . con consecuencias absolutamente regresivas. En una sociedad donde prevalece la aparente “libertad” que promueve Milei, sólo se beneficiarán los intereses económicos de unos pocos; Lo normal.

¿O alguien puede pensar que sin reglas, ni Estado, ni intervención pública, los sectores populares se verán favorecidos? En una sociedad sin derechos laborales y sin un Estado que regule las condiciones de contratación y despido, es difícil que los sectores trabajadores se beneficien, ya que quedarán indefensos ante los vaivenes económicos actuales. En una sociedad sin derecho a la educación pública, laica y gratuita, surge la idea de imponer”vales” sólo enmascara el hecho de que sólo quienes tengan recursos para pagar las mejores escuelas podrán acceder al conocimiento, y aun así, la privatización de la educación no garantizaría la calidad académica que muchas de nuestras universidades públicas (reconocidas por el mundo) ) tienen hoy. ). La ausencia de salud pública sólo puede aumentar la desigualdad entre quienes pueden permitirse costosos tratamientos médicos y quienes, por el contrario, deben hipotecar sus vidas para afrontar los costos de una salud privada inaccesible. Un recorte del presupuesto nacional, comparable al 15% del PIB, como proponen los libertarios, tarde o temprano afectaría a cada uno de los que leemos estas líneas, ya sea por una caída del consumo o de la actividad económica, ya sea por la reducción de salarios, pensiones o inversiones en salud, ciencia y educación.

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Todo esto sin olvidar mencionar que el llamado “dolarización“propuesto por Milei implicaría, inicialmente, una confiscación monumental de ahorros, o una mega devaluación del peso, para equilibrar la pequeña cantidad de dólares disponibles en nuestro país con los pesos circulantes. ¿El resultado? Lo mismo de siempre y ya conocido en cada una de las experiencias en las que se implementó esta medida: deterioro de los salarios, del poder adquisitivo, de la calidad de vida de las clases medias y del aumento de la pobreza y la indigencia. A esto hay que sumarle la pérdida absoluta de soberanía económica, ya que no tendríamos la posibilidad de implementar políticas monetarias (incluido el rescate del sistema financiero ante posibles crisis) ni cambiarias (careciendo de herramientas para estimular, por ejemplo, comercio exterior), situación que también se magnifica por la deuda que debemos pagar al FMI, contraída irresponsablemente por el gobierno de Cambiemos – Claudio Poggi en San Luis.

El vértigo aumenta cuando miramos los planes de gobierno de un candidato que sabe absorber el descontentopero absolutamente contundente al describir los ejes sobre los que pretende conducir el Estado nacional en caso de ser elegido.

El legítimo derecho de la sociedad a canalizar su decepción no debería necesariamente traducirse en un retroceso de los derechos ya alcanzados. Si una persona está en el mercado informal y no tiene acceso a algunos derechos laborales, la salida no es quitarles ese derecho a todos los demás trabajadores, sino luchar para que nadie se quede sin disfrutar de esta protección. Si un sector de la población no tiene hoy acceso a una educación y a una atención sanitaria de calidad, la opción no es privatizarla y negársela al resto de la sociedad promoviendo recortes estatales, sino luchar incansablemente para ampliar el alcance de este derecho. La lucha es por garantizar un Estado activo, federal y presente, un liderazgo responsable y una sociedad más justa, no por eliminar la inversión pública, insultar el papel de la política y dejar en manos del “mercado” la resolución de las injusticias.

El ejemplos recientes de proyectos de derecha implementados en otros países (como Estados Unidos o Brasil), e incluso de los llevados a cabo en el nuestro (Mauricio Macri), han terminado muy mal y los costos se sienten hasta el día de hoy. Por eso, estoy convencido de que el 22 de octubre, sin dejar de ser crítico con el futuro de nuestro país, sin renunciar a la lucha por una mayor igualdad, sin negar la posibilidad de soñar con una mejor calidad de vida, sin dejar de exigir mayores posibilidades de ascenso social, y, lo que es igualmente importante, sin dejar de reconocer los problemas que aún quedan por resolver en nuestra sociedad, los puntanos y puntanas, los argentinos, tendremos la oportunidad de poner un límite a los proyectos que vienen destruir las conquistas que en tantas décadas, y después de tantas luchas, hemos logrado alcanzar. Ante el abismo existen otros caminos posibles para la reconstrucción de nuestro país.

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Source: pagasa.edu.vn

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